domingo, 18 de julio de 2010

Entrevista: Diego Capusotto: “Soy nihilista, anarquista y peronista”



El humorista más filoso de la TV vuelve mañana con otra temporada de Peter Capusotto y sus videos. En agosto estrenará Pájaros Volando, su nueva película. Dicen que el que no apuesta no gana. Diego Capusotto viene apostando a un humor distinto desde 1992, con De la cabeza y Cha Cha Cha ; desarrolló una mirada más personal con Todo x 2$ , y parece haber encontrado su formato más afilado e influyente de la mano de Peter Capusotto y sus videos . El envío que estrenará nueva temporada mañana en Canal 7 provocó un cisma en la TV argentina. Capusotto no es Tinelli, a Dios –o quien corresponda– gracias. No tiene su masividad, rebote, ni vocación de poder. Pero su sentido del absurdo, ironía y militancia política y estética ganó un espacio poco antes inimaginable que terminó conmoviendo a la cultura rock primero e incorporándose después al imaginario social –en forma directa o indirecta– de muchos argentinos.

El universo de Peter Capusotto incluye a personajes tan inverosímiles como Bombita Rodríguez (el Palito Ortega de la Tendencia), Pomelo (la estrella de rock que promueve la estupidez y nunca compuso un tema), Violencia Rivas (la creadora del punk rock devenida en señora mayor incontinente emocional) y Micky Vainilla (el cantante pop nazi), entre tantos otros. Pero en el desarrollo de éstos y tantos otros sujetos imaginarios se cuelan medulares críticas a usos culturales, sociales y políticos, sazonados con altas dosis de liturgia peronista que en otras manos hasta podrían sonar profanos. Capusotto y el coguionista y productor Pedro Saborido construyeron un mundo que desde lo absurdo –y no tanto– cuestiona la realidad y muchas miradas que circulan sobre ella. “Siempre partimos de situaciones cotidianas, pero las llevamos a lugares inverosímiles. Eso es el humor y el nuestro incluye al peronismo”, explica Capusotto en diálogo exclusivo con Miradas al Sur.

Pero se dijo que Capusotto demostró ser un apostador exitoso y la figura no le hace estricta justicia. Establecido el éxito de Peter Capusotto y sus videos , el actor recibió múltiples propuestas para ensanchar sus bolsillos sin grandes esfuerzos. Desde que Pomelo publicite bebidas alcohólicas hasta que el programa pase a uno de los canales de mayor rating. El actor explica: “Aprendimos con Todo por 2$. Estar producido por una megaempresa hace que uno tenga que negociar ciertas cosas, como ir a algunos programas, hacer presencia, reuniones... Hoy por hoy no negociamos. En aquel entonces el medio nos intoxicaba un 30 por ciento. Ahora no aceptamos ni eso. En cuanto al tema publicidad, las ideas de los supuestos creativos suelen ser nefastas. Yo no quiero fomentar que los pibes tomen irresponsablemente”. Así las cosas, la figura del apostador audaz se desvanece para dejar lugar al artista que ganó un lugar, lo valora y no está dispuesto a desdibujarlo en el nombre del dinero o un supuesto crecimiento. Una toma de posición poco usual en estos días.

Capusotto no quiere adelantar demasiado sobre la nueva temporada del programa que comienza mañana, a las 22.30. “Desde hace meses nos venimos juntando con Pedro (Saborido) para tirar ideas. Hace poco mas de un mes que empezamos a grabar. El procedimiento –perdón por la terminología tan policial– es reunirnos, tirar ideas de nuevos personajes, seleccionar, desarrollar y grabar. La gente va a ver unos seis o siete personajes nuevos, que van a tener continuidad. Otros van a realizar apariciones casi fantasmagóricas, con fecha de caducidad. Clásicos como Micky Vainilla, Bombita o Violencia Rivas, van a tener su lugar muy pronto. En el primer programa Bombita va a protagonizar una suerte de corto, con mucho desarrollo”, desliza.

–¿Es difícil seguir con el programa y no repetirse?

–Nosotros trabajamos para que el programa nos siga interesando a nosotros. Y la única forma de lograrlo es creando nuevos personajes y jugando con eso. Creo que la gente percibe nuestro compromiso y así el vínculo se hace más fuerte. La forma de contar también es importante. Eso quizás permite que la gente recuerde algún personaje que nació y murió hace mucho tiempo.

–¿El programa fue pensado para algún público en particular?

–No. Nunca llegamos tan lejos. Simplemente pensamos en un programa que nos gustara ver como espectadores. En realidad, nos propusieron hacer un programa de videos. Primero decidimos pasar música que no tuviera cabida en la tele o la radio, después presentarla de una forma diferente y más tarde nos dimos cuenta que teníamos muchas cosas para contar del mundo rock porque es un ámbito que vivimos mucho.

–En el programa hay mucho de absurdo, pero también lecturas críticas de la realidad.

–Cuando uno hace humor se está burlando de algo que le molesta, de algo antagónico a su forma de pensar. La típica construcción moral, falsa e hipócrita, siempre nos va a encontrar de la vereda de enfrente. Con esa gente no hay nada que dialogar. No somos demócratas dialoguistas con el enemigo.

–La burla y la ironía están muy presentes en el programa. Pero algunos personajes y chistes también transmiten cierta cosa afectiva.

–Sí, porque trabajamos con muchos protagonistas e ideas con las que crecimos. Desde las canciones de Palito Ortega hasta la vuelta de Perón y las organizaciones armadas. Son íconos. Palito como el cantante popular abocado a las convenciones: la madre, la noviecita, etcétera. Pero ojo: yo no creo que Palito Ortega es algo interesante porque era popular. Esa es una mirada que habría que revisar. Sí, que en todo caso el personaje está atravesado por algo de nostalgia. Lo de la vuelta de Perón y las organizaciones es algo mucho más denso e importante. Algo casi magnífico con todos los condimentos: esperanza, fiesta y tragedia… En este caso el humor pasa por poner esos símbolos en un lugar completamente diferente.

–Pocos se animaron a hacer humor con Perón.

–El relato humorístico permite entrarle a todo: a lo que te une afectivamente y a lo que está del otro lado de la mesa. Evidentemente siempre hay un juego de lo inverosímil. Pero la figura casi patriarcal de Perón ofrece muchas posibilidades. Y no tiene adversarios. No se sostiene demasiado hacer algo con (Raúl) Alfonsín. Las distancias son siderales...

–Siempre te molestó la etiqueta de nuevo humor. ¿Por qué?

–Nos ponían la categorización de “humor nuevo” desde Cha Cha Cha . Obviamente no tenía la estructura de un típico programa de humor, sobre todo en ese momento. Fragmentar los sketchs y el auto zapping llamaba la atención, pero no era nuevo. El humor uruguayo tenía cosas similares, el inglés también. Era una etiqueta superficial que no llevaba a ningún lado, por eso no nos gustaba.

–Pero más allá de las etiquetas, encontraste un ámbito nuevo para moverte que incluye sus propias reglas.

–Eso sí. Es una elección que implica qué hacemos y cómo lo hacemos. En eso sí nos hemos corrido de la lógica televisiva que pretendería otra cosa. Generalmente, si un programa va bien se le da más exposición, más horarios y se lo condena a nunca parar. Nosotros logramos bajarnos de eso. Cuidar nuestros tiempos es una forma de cuidar la creatividad y el programa. Por eso hacemos temporadas de doce capítulos. Después nos enteramos de que en otras partes del mundo hay gente que trabaja así. Pero nosotros no lo sabíamos. Canal 7 supo entender que esa mecánica era mejor para todos. Incluso el año que viene me gustaría hacer teatro y parar un poco con la tele.

–Recibieron propuestas de otros canales. ¿Por qué decidieron dejarlas de lado?

–Porque no nos interesa aparecer en un canal con más ráting y apoyo, y que eso nos quite libertad. No tenemos una lógica capitalista. Creemos que es mejor mantener un espacio propio, sin condicionamientos. Sin ingerencias de ninguna índole. Para nosotros, ése es el mayor de los éxitos.

–Trabajaste muchos años con Fabio Alberti y en algún momento te acusó de hacer humorismo oficialista a través de los medios. ¿Pudieron aclarar el tema?

–La última vez que hablé con Fabio fue hace dos años. Lo llamé por teléfono y le deseé lo mejor, me dijo lo mismo y ahí terminó. No tengo nada más para decir. No me gustó cómo algunos medios exacerbaron el tema. Cuando empecé con el programa en Canal 7 estaba trabajando con Fabio en el teatro. Pero muchos periodistas parece que lo ignoran. Para mí lo importante con Fabio es lo que hicimos: dejo todo ahí. Si tengo que aclarar algo con él, lo hablaremos personalmente y no lo voy a hacer mediático.

–¿Lo de oficialista te incomoda?

–Lo de humor oficialista, sí. El rock no tiene nada que ver con (Néstor) Kirchner. A no ser que haya tenido una banda y nunca me enteré. Nosotros estábamos en Canal 7 en la época de la Alianza y a nadie se le ocurrió decir que hacíamos humor aliancista . Pero en el escenario de hoy, cruzado por intereses de todo tipo, uno tiene un programa en el canal estatal y es kirchnerista. Yo me cago de la risa. Pero es una mirada muy vulgar, expresa demasiada liviandad.

–Y más allá del programa en sí mismo, ¿te sentís identificado con este gobierno?

–Es el Gobierno con el que siento más empatía desde la vuelta de la democracia. Creo que se avanzó en muchos aspectos y se enfrentó a poderes muy grandes y nefastos. Pero tampoco considero que estemos en un gobierno inmaculado, o en La Habana del ’59. No soy tan pelotudo. Lo que pasa es que uno mira la oposición y se espanta. ¿”Mejor Felipe”? Quién puede creer eso. ¿De Narváez y su peronismo disidente de Perón? Menos. La UCR se abraza a un traidor como Cobos y lo bendice como ex traidor. Después... Carrió es un personaje que entra en una especie de nebulosa de mugre...

–¿Hasta dónde te identificás con el peronismo?

–Me siento un producto de muchas cosas. Yo soy nihilista, anarquista y peronista. Soy peronista por los enemigos que el peronismo ha interpelado. Desde la Iglesia a los grupos económicos empresariales y del campo. Aunque en el peronismo a veces parece que puede entrar todo. Hasta el Opus Dei... Uno también se identifica con el peronismo por la sensibilidad social y como luchar para eso. Pero no como esos pequeños burguesitos que entienden el peronismo como una liturgia y nada más.

–El 5 de agosto se estrena Pájaros volando , la nueva película que protagonizás. ¿Estás conforme con los resultados?

–Sí, laburé con gente amiga, muy cómodo. El guión es de Damián Dreizik y la dirección de Néstor Montalbano, que también dirigió Soy tu aventura (la otra película que hice con Luis Luque). Yo soy José, un flaco que labura en una remisería y siente nostalgia del breve éxito que tuvo en la época en la que tocaba con su primo Miguel (Luis Luque). Aparecen muchos roqueros, como (Miguel) Zabaleta, (Miguel) Cantilo, Claudio Puyó y personajes como Antonio Cafiero y Víctor Hugo Morales. En algún momento aparecen extraterrestres... Es muy loca y divertida.

–Estás con la tele, se viene la película, salió un libro, un DVD, hiciste un programa de radio… ¿tenés algún proyecto más en mente?

–Sí. Pero son proyectos sexuales. En los que está incluida mi mujer, pero no en todos. Hay otros en los que mi mujer está incluida con otros ( risas ). Proyectos no. Sí la decisión de hacer teatro el año que viene. Seguramente con personajes del programa y otros nuevos. Pero todavía tenemos que armarlo.
 
Fuente:
 
Por: Sebastián Feijoo en http://sur.elargentino.com/.
 

Actualidad Política: "Cómo se financia el partido de la fe católica"

Los diferentes fondos públicos con que cuenta el culto católico para su funcionamiento en el país superan los 2.500 millones de pesos anuales. Tras la sanción de la ley de matrimonio igualitario, durísimo golpe contra la presunta autoridad espiritual de la Iglesia sobre los asuntos terrenales de los argentinos, el tema del dinero invertido por el Estado en el sostenimiento del culto católico y/o en su inmenso sistema de colegios confesionales es una discusión que aguarda algún escenario mediato. Con dos mil años de comunicación y propaganda a cuestas las autoridades eclesiásticas tienen perfecta conciencia del asunto. De hecho se vienen anticipando al debate con cálculos como el que todavía hoy pueden leerse en la web del Plan Compartir de la Conferencia Episcopal Argentina, en la que se asegura que en 2007 el Estado dedicaba “una partida de sólo 17.323.913 pesos” para el sostenimiento de la Iglesia, lo cual apenas “representa el 0,014% del total del Presupuesto Nacional”. Así como los documentos de trabajo eclesiales llegaron a sostener más o menos que los homosexuales son proclives a convertirse en hombres lobo, el número es un recorte falaz. En 2010, el dinero derivado al sostenimiento de la Iglesia se incrementó a 35.868.353 pesos. Pero esa cifra es ínfima si se toman en cuenta el dinero estatal que van a las escuelas confesionales, hasta redondear un monto estimable en bastante más de 2.500 millones de pesos anuales.

Consultado por Miradas al Sur , Guillermo Olivieri, titular de la Secretaría de Culto de la Nación –organismo responsable de pagar el sueldo de los religiosos– informa que la partida que recibe esa cartera del Presupuesto nacional asciende a 32 millones de pesos anuales. Desde el sitio oficial de esta Secretaría, se informa que se asignan “por medio de sus diócesis y otros organismos, en concepto de sostenimiento del culto que incluye la colaboración económica para visitas ad limina , sínodos, conferencias regionales y viajes en cumplimiento de acciones pastorales”. También se destinan a una red de “437 institutos de vida consagrada inscriptos, que actúan a través de 4.500 casas y obras apostólicas existentes en todo el país”.

En el desagregado sobre el destino de esos fondos se hace mención a “Asistencia Financiera/Culto Católico”, dinero que va a 122 arzobispos y obispos, 1.600 seminaristas y 640 sacerdotes. El sueldo de un arzobispo, actualmente es de 8.200 pesos. Sin embargo, Olivieri precisa que “debería ascender a 13.000 pesos”, por ser el equivalente al 70 por ciento de un juez nacional de primera instancia. Sin embargo, los purpurados, amén de sus discursos en torno de la equidad y los pobres, no pagan impuestos, no tienen cargas sociales, no aportan a Ganancias ni a la jubilación.

Jorge Horacio Gentile, un ex diputado demócrata cristiano y docente de las universidades Nacional y Católica de Córdoba, explica que los dineros del Estado van también a parroquias de frontera o zonas desfavorables, a jubilaciones graciables para sacerdotes (las pueden cobrar Antonio Basseotto, Christian Von Vernich o Juan Carlos Maccarone, el obispo echado de Santiago del Estero presuntamente por sostener relaciones non sanctas para la Iglesia), o a pasajes para obispos, sacerdotes y agentes pastorales. En cuanto a los curas de parroquias, el secretario de Culto de la Nación aclara que no cobran, excepto los de frontera.

Lo poderosamente llamativo es que la asignación de estas partidas deviene de tiempos en los que reinaba la paz social, primaban el diálogo y el consenso. Todas y cada una de las normas relacionadas con los sueldos clericales nacieron de “acuerdos con la Santa Sede” y de leyes surgidas en tiempos dictatoriales: de la Revolución Libertadora al Onganiato y, de allí, al Proceso. Sólo durante la última dictadura fue que se sancionó la Ley 21.540 en 1977 –que fija las asignaciones mensuales vitalicias a arzobispos, obispos y auxiliares eméritos–, además de otras… ¡Siete! leyes que ampliaron el número de curas e instituciones confesionales beneficiadas.

Pero más allá del andamiaje legal que supo conseguir, la jerarquía eclesiástica cita como argumento de base para justificar los fondos que eroga el Estado para solventar su funcionamiento en el artículo 2º de la Constitución Nacional: “El Gobierno federal sostiene el culto católico apostólico romano”.

Recursos pesados. Como se dijo más arriba, lo abrumadoramente sustancial de lo que el Estado invierte en el sostenimiento de la Iglesia no pasa por los casi 36 millones derivados por el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto (35 millones de pesos fue la primera partida que destinó el Gobierno Nacional en 2009 para financiar un programa de protección de los bosques nativos en las provincias; igual suma invirtió el gobierno de Santa Fe para repavimentar un tramo de la Ruta 4 y construir un nuevo puente sobre el Salado), sino por los miles de millones que van a escuelas confesionales. Desde que en los ’90 se descentralizaron (mal) los recursos, el Ministerio de Educación de la Nación no destina recursos con eventuales destinos a “privada o pública”. Los fondos van a las provincias y éstas deciden su distribución. Hoy, el presupuesto total del Ministerio de Educación es de $17.514 millones (20 mil millones si se incluyen otros programas de gobierno que involucran a las FF.AA. o la construcción de escuelas). A esto se suma la cifra que este año invertirán las provincias: 64 mil millones, de los cuales cerca del 10 por ciento son transferencias a la educación privada.

Cuánto de ese sector de la educación privada representa a las confesionales es un rompecabezas complejo de armar. Pero hay pistas evidentes que permiten rehacer un mapa cercano al real. De acuerdo al relevamiento oficial de 2008, en todo el país existen 9.114 establecimientos escolares privados de los niveles inicial, primario y secundario. De ese total, 3.638 son confesionales, 3.220 no lo son y queda un número de 2.256 establecimientos “sin información”. Si se aplicara una proyección prudente acerca de cuánto de ese 11 por ciento de los 53 mil millones transferidos a la educación privada va a las confesionales, la cifra superaría largamente los 2.000 millones de pesos anuales destinados a colegios religiosos, fundamentalmente para pagar salarios. A ese número hay que añadir un 15 por ciento de lo que el Estado destina a través del Fondo de Incentivo Docente y Compensación salarial –cuyo total es de 3.000 millones de pesos–, que implican 450 millones más.

Como en tantas áreas, ni desde el Estado ni desde la investigación académica abundan cifras definitivas, ciertas y precisas sobre este tema que tradicionalmente incomoda a los funcionarios, incluso a los más progresistas. Hace un par de años Horacio Verbitsky publicó una investigación en la que decía que “la aproximación más confiable indica que el sistema privado consume el 13,5 por ciento de todos los recursos estatales para educación, que en 2006 ascendieron a 24.500 millones de pesos, y la confesional más de la mitad de ese monto, el 7,5 por ciento del total, es decir 1.837 millones de pesos”.

No sólo en términos nominales o por el crecimiento de la inversión educativa a escala nacional, parecería que la cifra actualizada es bastante mayor, hasta superar los 2.500 millones. Más pistas para intentar armar el rompecabezas son las que pueden tomarse de dos distritos tan importantes como el de la provincia de Buenos Aires y el de la Capital (ver subnota en estas páginas). En la Provincia existen poco más de 5.000 escuelas privadas, de las que 1.452 son confesionales y, de nuevo, 1.954 aparecen como “sin información”. Por lo menos hacia el 2008, más de 2.600 escuelas recibían el 100 por ciento del subsidio para pagar salarios docentes, 1.315 recibían el 80, y otras 868 entre el 20 y el 80 por ciento. Estos últimos datos son de una investigación de la periodista Nora Veiras, especializada en el tema educativo. En la gran mayoría de los casos se trataba de escuelas confesionales.

Hasta aquí no entran a tallar los inmensos dineros privados asociados a la Iglesia ya sea por colectas, en depósitos bancarios, asociaciones de empresarios cristianos o complejos sojeros, para lo cual el lector deberá ir a otras páginas de esta edición. Aún así, los números reseñados demuestran lo forzado del argumento de la Conferencia Episcopal Argentina allí donde se dice que “el aporte del Estado a la Iglesia representa el 0,014 % del total del Presupuesto Nacional”. O cuando asegura que “concretamente, el aporte del Estado representa menos del 7% de los ingresos que tiene la Iglesia argentina”, sin mencionar de dónde proviene el 93% restante de una cifra total de ingresos no citada.

El pecado Rivadavia. Los defensores del sostenimiento del culto católico con recursos estatales suelen retroceder casi 200 años de historia argentina para fundamentar el por qué de ese gasto. En palabras del ex diputado Gentile lo que “aparenta ser un privilegio tiene una razón histórica en la cuantiosa confiscación de bienes que hizo el Estado a la Iglesia y a las ordenes religiosas” durante los gobiernos de Martín Rodríguez y Bernardino Rivadavia, hacia 1822.

Dos siglos después, tres países cercanos de la católica América latina (Brasil, Uruguay, Chile) no sostienen ningún culto. El gobierno de España firmó un acuerdo con la Conferencia Episcopal Española a través del cual se acabó con la donación directa del Estado y se subieron los aportes voluntarios del impuesto a las rentas, algo que también se practica en Alemania. Difícilmente pueda decirse que la Argentina es un país más católico que Chile o España.

Y si se trata del respeto a una identidad religiosa, habrá que tomar las principales conclusiones de la Encuesta Nacional sobre Creencias y Actitudes Religiosas realizada, entre otros por Fortunato Malimacci y Juan Cruz Esquivel en 2008 desde el Conicet. “Los datos destacan el pluralismo y la diversidad presente en el campo religioso, junto con la preservación de una cultura cristiana”, decía una de las conclusiones centrales de esa encuesta. Lejos de la cifra tirada al bulto de un 85 a 90 por ciento de católicos practicantes que suele manejar la Iglesia, el estudio hablaba de un 76,5 por ciento de la población que se define como católica. Pero de ese porcentaje casi dos tercios, el 61,1 por ciento, “se relaciona con Dios por su cuenta” y no a través de la institución eclesial.

Siempre según la encuesta, en la Argentina existe un 9 por ciento de personas que se declaran evangélicas, mientras que el 11.3 manifiesta ser ateo, agnóstico, o no tener ninguna religión. El 23,3 por ciento no se casó o piensa hacerlo por iglesia. El 76 afirma concurrir “poco o nunca” a los lugares de culto. Según Malimacci y sus colaboradores, se está “frente a complejos procesos de desinstitucionalización religiosa y de individuación de las creencias”.

¿Y el pago de los salarios para los obispos y curas? Según el trabajo, sólo es aceptado por el 27 por ciento de los entrevistados.

Ayuda social. El cálculo realizado en esta nota de los recursos estatales de los que dispone la IglesIa, no incluyen los aportes de Desarrollo Social, que recibe Cáritas. Sin embargo, no se puede desconocer el importante trabajo social que desarrollan curas y religiosos con los sectores más vulnerables. En este punto, según el estudio mencionado anteriormente, la contribución financiera del Estado a esta tarea tiene un amplio grado de aceptación en la población, que llega al 75 por ciento.

Fuente:

Por: Eduardo Blaustein en  http://sur.elargentino.com/

Internacionales: "Haití, seis meses después del terremoto "



Port Au Prince, Haití - El 12 de julio se cumplieron seis meses del devastador terremoto ocurrido en Haití, en el que murieron 300.000 personas y tras el cual gran parte del país quedó en ruinas. 1,8 millones de personas viven en campamentos precarios, en condiciones sanitarias inadecuadas, o inexistentes, sin electricidad y con muy poca seguridad, así como también sin ningún tipo de resguardo del calor intenso y las lluvias cada vez más fuertes. La violación, el hambre y la desesperanza son amenazas constantes para la gente que está atrapada en los campamentos. Hace seis meses, el mundo pareció unirse en el compromiso de ayudar a Haití a recuperarse. Ahora, medio año después, los escombros siguen en el mismo lugar, y el sufrimiento envuelve los campamentos, sofocados por el calor, empapados por la lluvia.

Luego de aterrizar en Haití, viajamos a uno de los más de 1.350 campos de refugiados, el Campamento Corail. Este campamento fue emplazado cerca de Titanyen. Allí se arrojaban los cadáveres durante el primer golpe de Estado contra el Presidente Jean-Bertrand Aristide. Tras el terremoto, el lugar fue utilizado como fosa común improvisada.

Corail se encuentra en una llanura de gravilla blanca, colmada de filas ordenadas de carpas. Durante el día, sin árboles que protejan del sol, el campamento se vuelve extremadamente caluroso.

Un habitante de Corail, Romain Arius, me dijo: “Ya no podemos continuar así en la situación en la que estamos viviendo aquí en carpas. Les pediríamos que nos den lo antes posible las casas que dijeron que nos darían para que nuestra situación mejore”.

Un día después de volver del campamento Corail nos enteramos que una tormenta derribó al menos 94 carpas y obligó a cientos de habitantes a huir en busca de refugio.

Los haitianos están enfadados y se preguntan a dónde fueron a parar los millones de dólares donados inmediatamente después del terremoto. La organización Disaster Accountability Project descubrió que de las 197 organizaciones que pidieron dinero luego del terremoto, tan solo seis han puesto a disposición informes públicos que detallan sus actividades.

La “comunidad donante internacional”, integrada por los países más ricos, comprometió más de 9 mil millones de dólares, pero hasta la fecha tan solo Brasil, Noruega y Australia pagaron la totalidad de la cifra que prometieron. Gran parte de los 1.150 millones de dólares prometidos por Estados Unidos están demorados en el Congreso.

Patrick Elie, un activista haitiano por la democracia de larga trayectoria y ex Secretario de Estado para la Seguridad Pública de Haití, me habló acerca de la propiedad de la tierra y del gran número de muertes a causa del terremoto:

“La tenencia de tierra en Haití es un caos total. Esto también es consecuencia del comportamiento de las élites haitianas durante siglos. Se adueñaron de tierras, especialmente tras la independencia y el fin de la esclavitud, que deberían haber sido de propiedad comunitaria. Y por supuesto, ahora hay mucha discusión acerca de quién es dueño de qué pedazo de tierra”.

Patrick Elie dice que en este momento de emergencia que le da al gobierno la facultad de expropiar tierra por interés público, la pregunta clave es qué tierra será confiscada: ¿la tierra comunitaria que los campesinos utilizaron durante siglos, o las grandes extensiones de tierra de las élites?

También hablé con Sean Penn. Sí, el actor ganador de dos Oscar de la Academia de Hollywood, que vino a Haití luego del terremoto. A poco de haber vivido en carne propia un problema médico de su hijo adolescente, que fue sometido a una importante cirugía, Penn se quedó horrorizado ante las historias que escuchó sobre las amputaciones sin anestesia que se estaban realizando en Haití. Penn fundó la organización de ayuda J/P Haitian Relief Foundation (jphro.org) y ha estado en Haití durante cinco de los últimos seis meses, administrando un campamento de refugiados en el Club de Golf de Petionville, que alberga actualmente a 55.000 haitianos desplazados por el terremoto.

Sentado en una gran carpa, Penn se mostró frustrado. Comparó los recursos que gasta Estados Unidos en la guerra en Afganistán, con Haití. Dijo: “Creo que Afganistán es una operación absurda. Y una de las razones es que aquí puede haber una operación productiva ‘a favor de Estados Unidos’. Imagina el caso de Haití de esta forma. Ahora hay una guerra aquí, y con las próximas tormentas la situación seguramente se agravará, pero no hay una cara visible a la que odiar, no hay un país al cual criticar, no hay recursos naturales, y las caras aquí son negras.”

Penn dice que J/P HRO estará en Haití durante un largo tiempo: “Pensamos adaptarnos, ajustarnos a las nuevas necesidades que surjan. Creo que nuestra próxima gran iniciativa será remover los escombros y trabajar con organizaciones aliadas para que la gente regrese a los barrios y vuelva a trabajar. Pasar del manejo de campamentos a la gestión y el activismo comunitarios.”

Patrick Elie defiende el liderazgo del pueblo haitiano en la reconstrucción: “Somos un pueblo que puede defenderse solo. Tenemos una visión de hacia dónde queremos ir. Necesitamos amigos, pero no necesitamos gente que piense por nosotros, ni que nos tenga lástima”.

Según el Washington Post, hasta el momento solamente se ha entregado el 2 por ciento de la ayuda prometida para la reconstrucción. La temporada de huracanes acecha Haití, y millones de personas cuentan con que todos nosotros cumplamos nuestras promesas.

Documentos: "Notas sobre la crisis estructural y la crisis de la coyuntura"



La idea de la llamada “crisis estructural”, se encuentra primeramente en el prólogo de Marx a la Contribución a la Crítica de la Economía Política. Marx habla de un largo período histórico, “una era de revolución social” en que se crea, dentro del modo de producción existente, un nuevo modo de producción. Las relaciones sociales de producción buscan ajustarse al desarrollo de las fuerzas productivas que no logran avanzar sin profundas reformas hasta al nacimiento revolucionario de un nuevo modo de producción que supera el anterior.

El modo de producción capitalista evoluciona hacia la constante innovación tecnológica, la concentración, el monopolio, y la intervención del Estado. Solo estos ajustes de las relaciones sociales le permiten mantenerse en funcionamiento y hasta expandir las fuerzas productivas. Pero esto se hace entre revoluciones, crisis económicas y guerras cada vez más violentos. De ahí el surgimiento de nuevas formaciones sociales que buscan adaptar las relaciones sociales a los nuevos y gigantescos avances de las fuerzas productivas, particularmente con la explosión de la revolución científico-técnica en los años de 1940.

El Nazifacismo, luego de derrotado el Estado Militar que emerge después de la 2ª guerra y con la excusa de la “Guerra Fría”, el Estado de Bienestar y la planeación centralizada que se identifico con el socialismo, fueron las formaciones sociales nuevas que permitieron la supervivencia del modo de producción capitalista entre varias revoluciones sociales y la emergencia de los nuevos Estados nacionales en las zonas coloniales. La derrota del fascismo, la caída de los regímenes coloniales y el surgimiento de los Estados nacional-desarrollistas marcaron los años de posguerra.

Como respuesta a esta expansión, los centros de decisión capitalistas lograron articular una ofensiva ideológica y política en su contra que, en las décadas del 1970-80, se cristalizó en el llamado “pensamiento único” neoliberal.

Pero, al contrario del mundo de equilibrio fiscal, cambiario y monetario que proponía alcanzar, con una disminución de la intervención estatal, la práctica neoliberal condujo a un gigantesco desequilibrio global con fuertes déficit en el centro del sistema mundial y la creación de un sistema financiero colosal sostenido por esta intervención estatal – sobretodo la expansión colosal de la deuda pública. Ésta, a su vez, generó un gigantesco sistema financiero que absorbió los excedentes económicos generados en todo el planeta a partir de la generalización de los efectos de revolución científico técnica, para el consumo ostensivo de una nueva casta social de dimensiones globales.

La crisis actual (2008-2010) demuestra las dificultades del sistema capitalista de gestionar la economía, la sociedad y la cultura contemporánea. La gigantesca intervención estatal en curso no hizo más que reforzar los intereses privados y su capacidad de destrucción de la vida en la tierra: expansión de la pobreza, violencia social creciente, destrucción del medio ambiente y amenaza a la propia sobrevivencia de la humanidad, en tanto que las nuevas guerras son las manifestaciones de la crisis del sistema.

La coyuntura actual, marcada por la fuerte intervención estatal, no apunta a un periodo de crecimiento sostenido y a cambios estructurales profundos. La recuperación del crecimiento económico en marcha apunta hacia una “recuperación rasante” en los países centrales, mientras la periferia se abre camino al crecimiento y al desarrollo. Pero hay graves límites para un desarrollo sostenible, igualitario, pluralista y democrático en esta nueva coyuntura. Además, la actual ola de innovación tecnológica, en curso desde 1994, se encuentra en su fase final. Ella debe agotarse en 10 a 15 años. La combinación de una nueva crisis coyuntural violenta con una nueva fase depresiva de reestructuración del sistema mundial abrirá un periodo de revoluciones y contra-revoluciones mundiales parecido al que vivimos entre las dos guerras mundiales, pasando por las revoluciones sociales, de un lado, y el acenso del nazi-fascismo, de otro, con un costo de vida colosal para la humanidad.

Por: Theotonio Dos Santos en http://visionesalternativas.com.mx/.
Profesor Emérito de la Universidad Federal Fluminense (UFF). Profesor Visitante Nacional Sénior de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). Presidente de la Cátedra y Red UNECO/UNU sobre Economía Global y Desarrollo Sostenible (REGGEN). Ver www.reggen.org.br