viernes, 19 de agosto de 2011

Argentina y Chile, dos modelos de educación.

Algunas claves sobre el conflicto de la educación en Chile y el modelo argentino como opción válida en la profundización de la democracia. 


En países como Colombia el examen de admisión para la universidad pública es simple y extremadamente excluyente y elitista. Por ejemplo, en el 2005 se inscribieron algo más de 8.000 aspirantes a Medicina en la sede de la Universidad Nacional de Colombia, una carrera muy bien valorada a nivel global, y apenas entraron 120 estudiantes. Mientras tanto, la Universidad de Caldas tiene un costo aproximado de 360 dólares por cada semestre lo que constituye, ni más ni menos, más de un sueldo promedio de los trabajadores que además hay que pagar durante los seis meses que dura cada semestre. Esto, para la inmensa mayoría de los hijos de los trabajadores colombianos es imposible ante la realidad de tener que cubrir otras necesidades, mucho más básicas y primarias, como la alimentación, la vivienda y la salud. De esa manera es como el sistema educativo en Colombia, al igual que en otros países de la región, queda fuertemente estratificado. De hecho, el capital cultural que tiene cada persona en Colombia es definitorio para entrar a la universidad pública. Es evidente que para las clases más desfavorecidas es imposible tanto por cuestiones de nivel de preparación como por cuestiones económicas. Ni hablar de la población que vive en el campo. En el caso colombiano, la opción de estudiar en una universidad privada es también casi prohibitiva. La Universidades como la de la Sabana pueden llegar a cobrar hasta unos 2000 dólares por semestre y en universidades como la de Los Andes pueden llegar hasta los 6.000 dólares. Además, en Colombia, en caso de que el hijo de un trabajador promedio pueda acceder al financiamiento de su educación, que es una herramienta central para el ascenso social, éste es tan tiránico como en Chile. Simplemente se llegan a pagar tasas anuales de casi un 20% por lo que la vida de ese estudiante queda hipotecada por unas dos décadas siempre que también se tenga la posibilidad real de acceder a un buen trabajo. De todas maneras, como contraparte, desde el 2010 Colombia adoptó el sistema de discriminación positiva parecido al que existe en los Estados Unidos por el cual se fijó que la Dirección Nacional de Admisiones ofrecerá inscripciones gratuitas en algunos casos concretos pero que en definitiva no soluciona los problemas de fondo. 
Por otro lado, las restricciones para el ingreso a las universidades públicas en Perú tienen sus particularidades pero, en definitiva y a grandes rasgos, éstos no distan mucho de los de Colombia. En Perú, el examen de ingreso es un trauma que te puede durar hasta tres años. Como las escuelas tienen muy bajo nivel educativo, al igual que en países como Chile, existen ciertas academias, conocidos como preuniversitarias, que preparan a los alumnos en los exámenes de admisión que son requeridos para ingresar en las universidades. Hay de todo y para todos los gustos. Las más caras son las de las universidades que cuentan con un examen de bachillerato de validez internacional que permite el acceso directo a la universidad. En general, en Perú, hay alumnos que aspiran a ingresar en las universidades y que dan tres, cuatro, hasta cinco veces el examen de admisión y se quedan fuera lo que genera una tremenda frustración en muchos alumnos. En lo que se refiere a los costos, una carrera tiene tres escalas que pueden rondar entre los 800 y los 1.200 dólares, mientras el sueldo mínimo, al que acceden la amplia mayoría de los trabajadores, es de apenas unos 200 dólares.
En el caso de Chile, que esta semana continúa con su lucha luego de varias décadas de letargo y de pérdida de derechos democráticos de la mano de la imposición del régimen neoliberal, la Ley Orgánica de Enseñanza fue sancionada por la dictadura de Pinochet. La primera reacción contra esta fue lo que hoy conocemos como “revolución de los pingüinos”, donde miles de estudiantes secundarios lanzados a las calles pidieron su derogación en los tiempos de Bachelet que apenas sí pudo formar un Consejo Asesor para la Calidad de la Educación que buscó actualizar la ley, es decir, que simplemente buscó ganar un poco más de tiempo contra las expectativas y necesidades de los estudiantes y a favor de la gobernabilidad bajo los términos de los actores políticos más conservadores y reaccionarios. Las demandas de los estudiantes en esos días de despertar, de marchas y de contramarchas, de lecciones de democracia y de participación por parte de los estudiantes, como el mejoramiento de la calidad de la educación pública, la gratuidad de la Prueba de Selección Universitaria (PSU) y el boleto escolar gratuito enfrentaron a los diversos sectores de la Concertación gobernante en ese momento y que integraban la Comisión, culminando con el retiro de los dirigentes que exigían reconocer el sistema escolar y la universidad pública como bienes sociales, restringiendo de esa manera el carácter mercantil y comercial que siempre le otorgó la ley de Pinochet bajo la lógica de los neoliberales. Es decir, en ese momento, la mayor organización sindical del sector educativo- el Colegio de Profesores- y los propios estudiantes se enfrentaron con una postura neoliberal que había calado muy hondo no solo en la derecha sino también en los sectores políticos más conservadores de la Concertación. Estos sectores más conservadores así continuaron defendiendo el llamado modelo chileno, que no es más que el neoliberalismo que además se asienta constitucional y legalmente en la herencia de la institucionalidad de Pinochet, y que es presentado por los diversos organismos globales como modelo al primar en ellos la lógica de la mercantilización de la educación. La reforma de Bachelet se redujo entonces a imponer un mayor control del sector público sobre el uso de los recursos educativos entregados, exigiendo rendición de cuentas y gestión académica sin alterarse el problema de fondo, es decir, el principio de subsidiariedad del Estado. Es que esta subsidiariedad es el eje de la ley impuesta por Pinochet que implica un fuerte antagonismo con la responsabilidad que le corresponde al sector público en el tema educativo y que históricamente rigió el sistema chileno durante un siglo y que se convirtió en sostén de la cultura y la educación de amplios sectores sociales. Incluso, la subsidiariedad del sector público llegó a tal punto, de tal manera fue desvirtuada la lógica y los intereses de la educación pública, que fue restringida a la provisión de educación estatal en los casos concretos en que no hubieran condiciones particulares para hacerlo y definiéndola siempre como promoción de la competencia. Los organismos del sector público, que por esa ley fueron designados para cumplir esa particular función, quedaron restringidos a los municipios que, a su vez, debían tratar de transferir los establecimientos educativos a sujetos privados o sostenerlos con recursos propios que también son muy desiguales a lo largo del país.
La gravedad de esta ley, venida desde los mismos tiempos mismos de la dictadura y sostenida por la complicidad de amplios sectores y actores sociales y gobernantes, esos que en algún momento de la historia, allá por los '90, se pretendieron los grandes paladines de la justicia, de la ética y de la democracia, es que desde el nivel inicial el sistema se desintegró en el mercado. En esas circunstancias, Chile ingresó al mercado de los créditos educativos, que es comparable por ejemplo con el mercado inmobiliario español que creció como una burbuja y estalló siendo uno de los primeros síntomas de la crisis global actual, y que implica que esos mismos créditos educativos se constituyen en la vía única para que los sectores populares eventualmente pudieran acceder a la educación superior. Este modelo,es decir, las formas en que el neoliberalismo se expresa en el ámbito de la educación chilena, se completa decididamente con una cuestión que es claramente cultural, o sea, con la creencia de que la educación privada es de mejor calidad que la pública porque se vincula a los criterios del mercado. Por eso, hoy miles de estudiantes, apoyados por diversos sectores sociales y políticos, por organizaciones sociales y representantes de los intereses de los trabajadores, están en las calles reclamando su acceso a la educación como derecho humano. Ni más ni menos. Mientras tanto, el señor Piñera, como representante de lo peor de la derecha, del autoritarismo y la prepotencia de los sectores sociales y políticos históricamente dominantes, sólo reacciona reprimiendo y profundizando el modelo educativo vigente. Sin embargo, el otro camino, el que es democrático y que es nacional y hasta popular, que está vigente en países como Argentina, es una clara alternativa a los designios, en el campo de la educación, de los sectores neoliberales y su realismo político. Es que a partir de los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina, la educación finalmente se comprometió con la cultura popular, con los cambios y con las transformaciones sociales cosa que no ocurre ni en Colombia ni en Perú, ni mucho menos en Chile. En Argentina, la educación es hoy un instrumento de lucha social y por eso en todos estos años de gobierno popular se llevan construidas casi dos mil escuelas y unas cuantas universidades que son públicas, de acceso libre, democráticas y gratuitas. Eso en el resto de las universidades de Latinoamérica no existe. En otras palabras, no es ocioso referirse al sistema educativo en Argentina, a la universidad que es pública, que es libre, gratuita y autónoma porque es un modelo frente a las advertencias que trae la crisis del sistema universitario chileno que, en definitiva, tiene una concepción muy reaccionaria sobre el rol de la educación. Una muestra son las expresiones recientes del señor Piñera. Este volvió a reflejar que para él la educación es un bien de consumo. Son dos modelos totalmente distintos. El de Argentina tiene tres hitos que lo definen. El primero fue la reforma de 1918. El segundo tiene que ver con el 20 de junio de 1949 cuando por una decisión de Perón se suprimen los aranceles en la universidad y el tercer momento es claramente el 2003, cuando el gobierno recién inaugurado de Kirchner destinó 1.800 millones de pesos a la educación universitaria para arrancar desde ahí una nueva idea de la educación al servicio de los intereses nacionales y populares, de inclusión y de ascenso social. De hecho, mientras la Universidad de Buenos Aires tiene unos 300 mil alumnos, donde muchos de ellos son chilenos, colombianos, peruanos, bolivianos (…) la Universidad de Chile tiene apenas unos 23 mil. En Argentina al día de hoy existen 47 universidades públicas y 46 privadas mientras que en Chile existen 47 universidades privadas y apenas 20 públicas en las que también hay que pagar.
Entonces, a la luz de lo que pasa en Chile con el sistema universitario, y en realidad con la educación en general, la universidad no sólo tiene que ser pública sino también debe ser popular. En otras palabras, de lo que se trata es que haya cada vez más primeras generaciones que accedan a una educación universitaria. Entonces, urge la necesidad concreta de plantearnos de qué manera se puede ampliar el marco socio económico de ingreso a la universidad pública en este contexto porque una cosa es la Universidad de Buenos Aires y las grandes universidades que son más tradicionales pero también hay otros casos importantes como la de la universidad en Moreno donde más del 90% de los estudiantes son primera generación. Está el caso de General Sarmiento, que no es una universidad nueva, que está en el medio de barriadas pobres, y que trabaja de una manera muy comprometida para que los jóvenes de esas zonas, estructuralmente más frágiles y vulnerables en todos los sentidos, entren a estudiar a la universidad.
Finalmente, tampoco es ocioso explayarse sobre la excepcionalidad del sistema de educación pública, libre y gratuita de Argentina, aunque todavía existan muchas deudas por saldar. Lo que sí creo que conviene remarcar es que el caso chileno el asunto de la educación y sus problemáticas viene de muy atrás, de mucho más atrás de la dictadura de Pinochet, aunque esto no le resta la responsabilidad que le compete, porque en realidad el problema de la educación en Chile, y en otros tantos países de Latinoamérica, es parte de la estructuración oligárquica del capitalismo de nuestra región posterior a las revoluciones del siglo XIX. Es decir, lo que expresa una de las deudas más flagrantes de la Concertación Democrática, de la derecha política y de los diversos actores y sujetos políticos que componen el régimen político chileno en general, es un panorama mucho más extenso que se relaciona con el hecho de que hoy a la universidad siguen accediendo eminentemente las elites. Entonces, para entender lo que pasa hoy en Chile hay que ir mucho más allá de la cuestión educativa porque la controversia central es sobre las diversas políticas que estructuran y definen el régimen político en el país, es sobre las reglas que rigen en materia de educación, de tributación, de acceso a diversos bienes de consumo, es sobre la igualdad de condiciones y de oportunidades, sobre la lógica que subsiste en materia de democracia y de la crisis de un tipo de representación política que fue inaugurada por la Constitución de 1980 que de por sí está viciada de origen, porque es fuertemente ilegal, autoritaria y elitista. 

Referencias bibliográficas: 


Siddig, Exequiel: “El elitismo universitario del continente sangra en Chile” Publicado en Miradas al Sur de la edición del 14 de agosto del 2011. 

Siddig, Exequiel: “Cada vez hay más chicos que son primera generación de estudiantes” Publicado en Miradas al Sur de la edición del 14 de agosto del 2011. 

Puiggrós, Adriana: “La verdad sobre el modelo chileno” Publicado en Miradas al Sur de la edición del 14 de agosto del 2011. 

Anguita, Eduardo: “Chile está en rebeldía contra el modelo”Publicado en Miradas al Sur de la edición del 14 de agosto del 2011. 

Autor: Alfredo A. Repetto Saieg.

Por qué Cristina ganó con lo justo

Los resultados del último domingo expresan no sólo la preferencia de las mayorías populares por la propuesta de continuar con el cambio, sino también la fuerte disposición de las capas medias urbanas y rurales de adherir al modelo encabezado por Cristina Fernández de Kirchner.

En efecto, distritos del Conurbano bonaerense como por ejemplo La Matanza, Florencio Varela o Berazategui mostraron que a la tradición peronista militante de esos distritos se sumaron los resultados de gestión. Los programas centrales del gobierno de Néstor y Cristina Kirchner tuvieron una continuidad de ocho años ininterrumpidos de crear empleos, llevar el agua corriente y las cloacas a las barriadas humildes, apostar por la educación, generar programas sociales y apostar a la redistribución de la renta a favor de los asalariados. Pero además, tanto en el interior rural de Santa Fe como en el de Córdoba, las PASO dieron un resonante triunfo a la fórmula Cristina Fernández de Kirchner – Amado Boudou. La explicación no sólo está en algo básico como fue el diálogo entablado por el ministro de Agricultura, Julián Domínguez, con todas las entidades de productores agropecuarios, que permitieron acelerar créditos, reembolsos o medidas consensuadas con el sector. Hay algo en común entre aquel voto que acompañó al kirchnerismo desde el inicio –y que es de origen peronista y progresista– con el voto más conservador y atado a los beneficios sectoriales como suele resultar el de los pueblos rurales. El eje en común es la justeza con que actúa la presidenta. Lo dijo ella en la conferencia de prensa que dio unas horas después de conocidos los resultados. Cuando una cronista le preguntó si podía adelantar cómo sería la campaña electoral de cara al 23 de octubre, Cristina dijo que seguiría trabajando y recordó que el único acto de campaña para las PASO fue el de cierre, un sencillo acto en el Teatro Coliseo. Eso sí, ante consultas que parecen menores como el uso de la boleta única, la presidenta mostró que tiene una memoria descomunal para recordar algunas de las cosas a corregir en los únicos distritos en los que se usó esa modalidad, concretamente en Córdoba y Santa Fe. Pero, además, aprovechó para recordar algunos otros detalles, también de apariencia menor, respecto de cómo se armaron los espacios de publicidad política televisiva que permitieron a los votantes recordar las boletas de los candidatos. Pequeños detalles institucionales. Pero que están en la cabeza de quien gobierna el país y al mismo tiempo en la cabeza del ciudadano de a pie. Cristina apela al hecho de que los militantes, como ella, viven demasiado imbuidos de la política. Y recuerda que el común de los ciudadanos no la palpita con la misma intensidad. Esa sola mención es síntoma de que ella no vive en una burbuja. Da la tranquilidad de que ella no pierde la dimensión del día a día. 

Abrir el padrón, abrir el corazón.

En estas elecciones aumentó el porcentaje de votantes en relación con las elecciones presidenciales de 2007 y a las legislativas de 2009. Y eso que se trató de unos comicios inaugurales destinados a transparentar internas abiertas en todos los niveles y no los comicios para renovar presidente. Eduardo Duhalde –que cosechó muy pocos votos en Lomas de Zamora– intentó intoxicar al electorado advirtiendo que el oficialismo pretendía evitar las PASO. Eso motivó que el ministro del Interior, Florencio Randazzo, saliera más veces a explicar en qué consistían estas elecciones inaugurales. Quizá por esta actitud de serenidad y docencia fue que Cristina también cosechó más votos en San Isidro o Vicente López, distritos con fuerte arraigo antiperonista, que otros candidatos. 
Obtener más de 10 millones de votos y tener 38 puntos más que el segundo es ganar con lo justo. Entendido lo justo no como esa voz popular que muestra que ganó raspando sino que lo hizo con valores de justicia. Porque el comportamiento de los militantes y dirigentes que esperaban los resultados en el mismísimo Hotel Interamericano era de alegría y de fraternidad. 
Podría pensarse sin transgredir el sentido común que una diferencia desmesurada, absolutamente inédita, podría dar lugar a comportamientos también desmesurados. Pero si algo se puede inferir en estas horas es la serenidad de los gobernantes. Una serenidad que produjo empatía en algunos opositores. El caso de Hermes Binner que reconoció el aluvión de votos. El de Ricardo Alfonsín que se apresuró a saludar a los triunfadores. Y, cada cual a su manera, el gesto de Mauricio Macri que sin ninguna irritación fue contado por la presidenta en la conferencia de prensa y deja un retrato de la Argentina opulenta y con poca disposición al trabajo. Macri le aclaró a Cristina que esta vez no estaba en calzoncillos (como contó él mismo cuando relató la vestimenta que tenía cuando recibió el llamado de la presidenta en la segunda vuelta de las elecciones porteñas). El jefe de gobierno estaba en bermudas disfrutando de un crucero tal como le relató a Cristina tras felicitarla. Cada cual se exhibe tal cual es por estas horas. Y un caso emblemático al respecto resultó la candidata de la Coalición Cívica, que la votaron algo más de un 10 % de quienes la siguieron en las presidenciales de 2007 que, dicho sea de paso, salió segunda. Esta vez, pese a sus apariciones televisivas en los programas de TN y de sus innumerables salidas radiales, sólo la acompañaron uno de cada diez antiguos votantes.
Los dueños y editores de Clarín quizá tengan dos lecciones para aprender tras verificar que tanto Elisa Carrió como Eduardo Duhalde despertaron sólidas antipatías. La primera es que más no significa mejor. Es decir, mucha prensa no es lo mismo que buena prensa. Y prensa no significa política. La sociedad argentina quedó desenganchada de las recetas del FMI hace unos años. También lo hizo este domingo respecto de las recetas de Héctor Magnetto. Y la segunda posible enseñanza es que los ataques arteros a Hebe de Bonaffini, o Estela de Carlotto o Raúl Zaffaroni que coronaron el sinnúmero de intentos de descrédito tuvieron un efecto bumerán. 
El papel de los medios como elemento de estimulación glandular no sirvió. En este sentido, lo que quedó al descubierto es que sí hay una vinculación estrecha entre la dimensión de la política y la de la vida personal y familiar. Alguien podría decir que Macri y sus asesores de imagen lo detectaron y sacaron provecho. No es peyorativa la hipótesis. No es malo que un candidato tenga alertas tempranas para detectar humores y deseos del electorado. Es mucho mejor que sea un gesto natural y no impuesto. Como fue el caso de Cristina cuando el domingo por la noche llamó a su hija Florencia para que subiera a acompañarla mientras saludaba al país. La chica tardó un ratito en llegar y quedó claro que estaba sorprendida por el llamado. Resulta saludable que alguien que tiene la máxima responsabilidad en los hechos públicos del país pueda incluir a sus propios hijos en los momentos de trascendencia. Porque lo del domingo es, probablemente, un hecho de magnitud histórica. No en lo relativo a los números, desmesurados, sino en las cualidades. Es convincente que Cristina, después de haber acompañado como legisladora y primera dama a su marido, Néstor Kirchner, entre 2003 y 2007, sienta que en este nuevo período de cuatro años que se avizora, necesite tener a Máximo y Florencia cerca. Por un lado porque no está Néstor, un tipo al que todos mencionaron como imprescindible. Por el otro, porque la juventud asomó en el último año como parte de lo nuevo en el proceso de transformación. Y entre esos jóvenes Máximo Kirchner es parte del entramado de nuevos dirigentes. Como una desgracia familiar lo dejó ausente del escenario del Panamericano, el destino hizo que Cristina necesitara abrazarse a Florencia, la menor, la que ella misma dijo que era la preferida del padre. Fortalecer la familia es dejar un tejido de políticas públicas que resulte la contracara de los noventas. De modo que nada mejor que, en medio de los dolores propios de las pérdidas, abrir una ventana para que la sociedad comparta las pérdidas de la Presidenta. Porque ella asumió, desde mucho antes, el compromiso de que en las familias humildes y trabajadoras, en la medida de lo posible, no falte el pan, el techo, el agua corriente, la cloaca, la electricidad y los buenos ejemplos. Eso es lo digno. Es lo justo. Por eso, este domingo que pasó, Cristina ganó con lo justo.

Fuente: Por Eduardo Anguita. Publicado el 16 de Agosto de 2011 en Tiempo Argentino.

viernes, 12 de agosto de 2011

Elecciones primarias.

El significado de las elecciones primarias de agosto, su incidencia en el sistema político y en la democracia argentina.

Por primera vez en la historia argentina el 14 de agosto se concretarán las elecciones primarias que pretende, dado los objetivos que se planteó en su momento la reforma política, ser el puntapié inicial de una mayor democratización de las estructuras políticas e institucionales a partir de una también mayor participación de los trabajadores en lo relativo a las decisiones que nos competen a todos como colectivo social. Desde esta perspectiva, las elecciones primarias de este mes son parte central de un nuevo sistema, mucho más democrático, de selección de candidaturas para cargos electivos nacionales y de habilitación para los diversos partidos y alianzas políticas que busquen competir por esos mismos cargos. Es que las elecciones primarias aumentan la legitimidad social de los candidatos lo que implica mayor transparencia y democratización de las diversas estructuras de los partidos y organizaciones políticas. Por otro lado, me parece que este nuevo sistema de internas abiertas y obligatorias son parte de un esquema que fortalecerá a los partidos y organizaciones políticas como herramientas de participación y de poder popular desde el momento en que simplemente conlleva más transparencia, participación y democratización. Es que más allá de los acuerdos celebrados puertas adentros por conciliábulos partidarios, que en la mayor parte de los casos son poco representativos de los intereses de las mayorías, incluso de los miembros de sus partidos, que desde hace un tiempo buscaron evitar las internas, las elecciones primarias son obligatorias para todas y cada una de las agrupaciones aún cuando postulen una sola lista de precandidatos, dado que esas mismas elecciones son el único método válido y habilitante para seleccionar candidatos, partidos y alianzas. En otros términos, aunque los partidos políticos o las agrupaciones y alianzas decidan de antemano quiénes serán sus precandidatos, son finalmente los trabajadores habilitados para votar quienes deciden entre los mismos. Este nuevo método de elecciones primarias así implica una mayor participación, compromiso y más democracia porque impide que los precandidatos que sean derrotados en una elección primaria compitan posteriormente en las elecciones nacionales y, además, evita la proliferación de listas sin una representación efectiva. Las listas testimoniales digamos.
Lo anterior conlleva que las elecciones primarias sientan las bases para una estrategia política de mayor participación, de mayor transparencia, movilización y de conciencia de los trabajadores en la medida en que se hacen partícipes de otras formas de participación que eventualmente ayudan a construir herramientas políticas nuevas que reivindican el régimen nacional y popular como una respuesta dialéctica a la ceguera del propio capitalismo y su mundo de mercancías que hoy se manifiesta en pérdida de empleos y en una brusca caída de las formas de vida tanto en los pueblos del sur como en los países centrales que controlan el comercio global. Hoy nos encontramos ante la ruina de un experimento social, cultural, económico y político que nos llevó por un camino bastante cruel, sembrado de las barbaries típicas de un mercado que se rige exclusivamente por los intereses del capital entendido a partir de la primacía del derecho a la propiedad exclusiva sobre los medios de producción, entendido inclusive en términos de un individualismo que reniega de todo contenido e intereses colectivos, de darwinismo social y un nacionalismo de derecha que solo podía derivar, en el mejor de los casos, en el populismo que actualmente se erige, por lo menos en los países centrales, (donde el neoliberalismo continúa haciendo de las suyas) en una guerra de civilizaciones y en un delirio racial que condujo, por ejemplo en países como Francia, a la expulsión de las poblaciones de gitanos. Entonces, si estamos de acuerdo en que estos procesos solo pueden evitarse a partir de más y mejor participación, a través de más movilización y gestión de los trabajadores (…) el sentido y la lógica de las elecciones primarias es bastante más importante de los que muchos suponen en la medida en que reivindica la participación de las mayorías. Tampoco no es un tema de menor cuantía si consideramos la profundidad de la crisis de representación de los partidos políticos históricos y tradicionales tanto en los países centrales (con sus democracias cada vez más ausentes en términos concretos, de mejoría de la calidad de vida de sus trabajadores) como en nuestros países donde, a pesar de la instauración democrática de los regímenes populares, esa crisis de representación y el surgir de otros nuevos partidos o alianzas que buscan ponerse a la altura de los cambios, es una realidad. Por supuesto, también es el caso de Argentina donde la crisis de representación de los partidos políticos va desde los radicales pasando por el PJ hasta la izquierda tradicional y los diversos engendros del progresismo de ciertos sectores políticos medios que terminan aplaudiendo a sus propios verdugos.
Tampoco es un tema menor si consideramos que, en ese mismo contexto de crisis de representatividad, las estructuras políticas tradicionales en muchos casos están ancladas en lo más rancio del régimen, en los peores defectos de la burocracia y en la degradación de intereses e ideologías que alguna vez expresaron. Por eso, es necesario una fuerza política que se construya como alternativa política a los antiguos vicios de estas estructuras sin dejar de nutrirse de esas mismas identidades históricas. En ese aspecto, un frente político mayoritario, democrático, transversal y decididamente popular, es una nueva fuerza que sin renegar de los valores de la igualdad, la fraternidad, la soberanía y la cultura popular, la independencia política y económica, se alimenta de las más diversas tradiciones y culturas políticas que conforman el campo nacional y popular de Argentina. En ese sentido, el peronismo es uno de los ejes centrales de esa gran fuerza que no termina de nacer, que busca la alegría del reencuentro de la política con los sectores populares y que intenta construir un mayor grado de libertad para todos.
Ese frente político que es transversal y popular implica que vengas de la tradición política que vengas, siempre que esa tradición sea representativa de los sectores populares, hay un lugar para militar en favor del cambio, en favor de los trabajadores porque la transversalidad y la cultura popular, el gobierno de Cristina y las diversas fuerzas políticas, sociales y culturales que lo componen, que le dan determinado sentido y sustento político e ideológico a los importantes cambios que se consolidaron estos años, desde el 2003 en adelante, son parte de fuerzas, organizaciones y partidos políticos o alianzas que se nutren dialogando con la historia de los trabajadores. Por lo mismo, el peronismo hace mucho que traspasó las fronteras de las estructuras del PJ para manifestarse en otros tantos lugares, de diversas maneras a través de múltiples acciones políticas en favor de la cultura popular. Entonces, más allá de las elecciones primarias, lo que aún nos falta al interior de los partidos, en el propio peronismo como principal movimiento popular, es un profundo debate respecto a qué es ser peronista en este nuevo siglo, qué es reivindicar la cultura popular, cuáles son los valores de ésta o que opciones políticas son necesarias en la defensa de los intereses de los trabajadores argentinos (…) Nos debemos ese debate porque actualmente cualquiera se dice peronista a pesar de que muchos de esos dirigentes y líderes, que se dicen peronistas, a su vez son capaces, sin ningún tipo de escrúpulos, de coquetear políticamente con los sectores dominantes. La polarización política que en ese sentido trajo aparejado el gobierno de Néstor Kirchner primero y de Cristina después, las tomas de posiciones de diversos dirigentes que se dicen peronistas, nucleados principalmente en el peronismo federal, son un ejemplo paradigmático al respecto. Me parece que el debate inaugurado por el propio Kirchner en el 2003 tendría que permitirnos ese debate para desde ahí construir una nueva fuerza política acorde a esas mismas discusiones y las estrategias más eficientes en la profundización y defensa de los intereses populares.
Por otro lado, la ley sobre las elecciones primarias nos dice que sólo podrán presentarse en las elecciones nacionales de octubre, donde se elige quien nos gobernará los próximos cuatro años y donde además se juega la profundización del régimen nacional y popular vigente, las alianzas o los partidos políticos que hayan conseguido- sumadas todas y cada una de sus listas de precandidatos- un mínimo equivalente al 1,5% de los votos válidos emitidos en el distrito y para la categoría en la que pretendan competir. Tanto los partidos como las alianzas que no alcancen ese mínimo del 1,5% en uno o más distritos de los 25 que componen el país no podrán disputar un lugar en el Congreso de la Nación. En el caso de los máximos cargos a disputar, es decir, a presidente y vicepresidente, también deberán reunir- como mínimo- el 1,5% de los votos válidos pero esta vez en todo el país. En los hechos, pasada una década de la crisis de diciembre del 2001, que además de arrasar con los intereses de los trabajadores, con sus empleos o ahorros, arrasó también con la legitimidad de los partidos tradicionales bajo una consigna tan clara y brutal como el que se vayan todos, las dudas que exhiben las diluidas estructuras tradicionales y sus triquiñuelas para evitar las primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias, en especial los partidos de la oposición, no hacen más que mostranos sus casi nulas capacidades para adaptarse a las nuevas demandas políticas y sociales que implican las importantes acciones transformadoras del gobierno de Cristina Fernández.
Los opositores ya no están a la altura de las circunstancias políticas actuales porque todas las cuestiones relativas a la comprensión colectiva o individual, su cultura, los valores y la ética que reivindican no consideran los objetivos que tengan que ver con la inclusión social, con el bien común y la buena vida, la mía y la nuestra, o por lo menos una vida que no sea fallida y deplorable. Mientras tanto, cada uno de nosotros, quienes creemos en el libre desenvolvimiento de las facultades de los hombres, de la cultura y los valores populares, el gobierno y los diversos sectores y sujetos sociales, políticos y culturales que lo apoyan y le dan sentido y trascendencia, en tanto, esperan confiados el debut del nuevo esquema de las elecciones primarias que busca dar mayor relieve y solidez social a la democracia basada en la inclusión de las mayorías. Aunque nadie tenga la capacidad política para pronosticar las decisiones que tomará el electorado nacional, es más o menos racional pensar que el apoyo político que recibirá la candidatura de Cristina en la Provincia de Buenos Aires sumado al interior del país será más que suficiente para limitar las posibilidades de una oposición fuertemente ineficaz, dispersa y totalmente superada por la realidad y por la historia reciente. Ni siquiera en las filas de Alfonsín, de Duhalde o de Binner- los tres candidatos con más chances del arco de la oposición- se ilusionan con ubicarse por encima del 25% porcentaje que claramente supera la Presidente. Así, tanto en agosto como en octubre se juega si Argentina sigue avanzando en los necesarios cambios o si retrocede a otras épocas, a los tiempos del neoliberalismo y sus crisis, sus banalidades, herencias y consecuencias. Para seguir avanzando en ese sentido, se vuelve necesario que Cristina sea reelecta para de esa manera enfrentar a todo ese arco de partidos y de organizaciones opositoras que, si bien presentan distintos candidatos, tienen el proyecto común de no tener proyecto, o mejor aún, de insistir en un proyecto neoliberal que simplemente nos invita a volver al pasado, a esa Argentina de las materias primas, esa que es primaria y exportadora, de los grandes monopolios, de una democracia para pocos y de recetas que ya fracasaron por conducirnos a la exclusión, marginación y el desempleo de las mayorías.
Sería importante que frente a estas elecciones primarias, todos y cada uno con su voto, tome conciencia de que se construye el futuro, un gobierno nacional, soberano y popular que necesita de todo nuestro apoyo y que solo sus candidatos, sus dirigentes y líderes, simbolizados en primer lugar en la figura de Cristina Fernández, son los auténticos garantes de continuidad de una democracia que va mucho más allá de la simple rentabilidad económica en términos neoliberales, que va más allá de la vorágine y la locura de un sistema comercial y económico, que basado en el automatismo del mercado, nos plantea una estabilidad, un crecimiento y un desarrollo solo relativo a una lógica mercantilista que bajo ningún aspecto es opción de futuro.

Referencias bibliográficas:

Hbermas, Jurgen: “La necesidad de revisión de la izquierda” Editorial Tecnos S. A, Madrid, España, Segunda edición, 1996.
Bencivengo, Gabriel: “Por cuánto ganará Cristina”. Publicado en Miradas al Sur de la edición del 31 de julio del 2011.
Carpineta, Gisela: “Martín Sabbatella: “Se define si avanzamos o no” Publicado en Miradas al Sur de la edición del 31 de julio del 2011.
Carpineta, Gisela: “Fernando Chino Navarro: Es bueno ir con distintos candidatos” Publicado en Miradas al Sur de la edición del 31 de julio del 2011.

Autor: Alfredo A. Repetto Saieg.

Noticias internacionales

Los estudiantes de Chile no aflojan

Alrededor de 150 mil jóvenes y profesores volvieron a marchar por las calles de Santiago exigiendo una educación gratuita y de mayor calidad. El presidente Sebastián Piñera no da respuestas y su imagen decae cada día más.

Las cacerolas volvieron a resonar anoche por todo Chile, en el cierre de una jornada iniciada con barricadas pacíficas y coronada a partir del mediodía con una multitudinaria marcha estudiantil, que contó con una concurrencia que las agencias internacionales de noticias calcularon entre 120 mil y 150 mil personas (60 mil para la policía). En medio de la seriedad de la protesta, políticamente decisiva para el gobierno de Sebastián Piñera, los jóvenes se expresaron con alegría e imaginación, con parodias, bailes y consignas humorísticas. Al atardecer, pequeños grupos de encapuchados que fueron repudiados por las gremiales estudiantiles, irrumpieron con sus piedras en las cercanías del palacio presidencial de La Moneda y provocaron violentos incidentes.
Los jóvenes y los docentes hace tres meses que reclaman una política educativa que garantice la gratuidad y la calidad de la enseñanza. Con ese programa de acción, el paro y marcha de ayer fueron una escala más en una estrategia que incluye la ocupación de institutos de todo el país, protestas callejeras y huelgas de hambre. Una encuesta conocida ayer dice que el 69,9% de los chilenos respalda la estrategia estudiantil. El presidente del Colegio de Profesores, Jaime Gajardo, se sumó ayer a la propuesta estudiantil de convocar a un plebiscito que dirima las diferencias con el gobierno.
“Promovamos un debate nacional que encauce este proceso y que sean los ciudadanos los que determinen con qué proyecto se quedan, si con el oficialista o con el que promueven los movimientos sociales. Eso es lo que hay que resolver”, dijo Gajardo. Ante la demanda de las mayorías, el gobierno respondió con un plan que no responde a las demandas y mantiene el régimen de lucro que ha hecho de la educación chilena la más privatizada y cara del mundo, según un estudio imparcial divulgado por la Organización de Comercio y Desarrollo Económico (OCDE).
Los estudiantes insisten en la necesidad de dialogar. “El gobierno debe entender que el país quiere una educación gratuita y de calidad”, dijo la líder universitaria Camila Vallejo, con la expectativa de que Piñera haga una nueva propuesta. Pero el presidente, según su vocero Andrés Chadwick, dijo confusamente que está abierto al diálogo pero que enviará sus propuestas directamente al Congreso, sin consensuarlas con las partes involucradas. Piñera, con un nivel de aceptación reducido al 26% de la sociedad, no tiene mayoría propia en el Congreso y apuesta a un casi imposible pacto de gobernabilidad con la oposición.
Piñera no logra abrir puentes con la oposición, que tiene esa mayoría pero que también cuenta con un apoyo que toca el mínimo histórico del 20%. El conflicto social, que tiene de trasfondo esa manifiesta crisis de representación política, está obligando al presidente a negociar reformas políticas, sociales y civiles que dividen a sus propias filas: una reforma del sistema electoral y el proyecto, enviado ayer al Congreso, por el cual se reconoce a las parejas homosexuales. “Presidente, está legalizando el pecado”, le recriminó el senador Juan Antonio Coloma, presidente de la Unión Demócrata Independiente, el mayor partido del oficialismo.

Fuente: Diario Tiempo Argentino de la edición del 10 de agosto del 2011.

Tambalea la economía global.

Si continúa la defensa del interés de los bancos, del capital financiero ficticio, el debilitamiento de la economía real sigue su curso. Y con su avance continuado el ritmo de la crisis se incrementa. En ese punto exacto estamos.

Pum para arriba, las bolsas del mundo rebotaron tras la debacle. Los comentaristas hablarán de “alivio”, pero la marcha del serrucho financiero sigue su curso, aunque la Reserva Federal haya anticipado que la tasa de interés continuará clavada hasta 2013, en un 0,25% anual. La tasa de interés que pagan los bancos, no la que pagan sus clientes, claro.
En el ínterin, 32 mil millones de dólares en títulos de la Reserva Federal han sido subastados sin mayores inconvenientes, alimentando así el rebote. Ese sigue siendo un refugio para el mientras tanto. Igual que el oro. Eso sí, el oro superó holgadamente la barrera de los 1700 dólares la onza troy. Conviene no equivocarse, tomar el comportamiento de las bolsas por el de la economía real suele ser uno de los peligrosos pasatiempos de los asesores financieros. Existe una relación entre una cosa y la otra; se trata de recordar cuál es.
Avancemos con cautela. Los crujidos recesivos de la crisis estadounidense terminaron aterrando a las bolsas del mundo entero. Standard & Poor’s hizo saber que el rey está desnudo, al recalificar la deuda soberana de los Estados Unidos AA+, en lugar de su histórico AAA. Ese modesto signo demostró que el mundo real existe. Pese a que Barack Obama, con acento latinoamericano, apostrofó el comportamiento de la calificadora de riesgo, los mercados globales hicieron saber que hasta esa evaluación resultaba, a su juicio, excesivamente optimista. Por eso se derrumbaron el lunes, al tiempo que la marcha descendente de los títulos de la deuda pública europea no tranquilizaba a nadie. Y ni siquiera alcanzó que el Banco Central saliera a comprarlos en masa. El banco que puso tan duras condiciones para el refinanciamiento de la deuda pública griega acabó apostando en el casino financiero que esos títulos no terminarán siendo papel mojado. Aun así, el contagio entre ambos términos, entre la sacudida recesiva estadounidense y la crisis financiera europea, potenció la debacle común.
Es que era casi imposible esperar otra cosa, con tan alto nivel de empapelamiento de los mercados financieros. Para que se entienda, al decir de los especialistas monetarios la relación entre la economía real y sus representaciones en papel supera el 40 a 1 en el mundo entero. Es decir, por cada dólar atado al proceso productivo, 40 recorren disfrazados de títulos y valores los volátiles mercados financieros del mundo.
Ese es el punto. Siempre existe un desvío entre el motor productivo real y sus representaciones financieras. Pero mientras esa distancia no supera un cierto rango, la tensión entre un polo y el otro mantiene la actividad económica en funcionamiento. La valorización de los papeles se asienta sobre el crecimiento de los activos reales, sobre el incremento de la productividad social del trabajo. Cuando esto no sucede, los bancos, para conservar su tasa de rentabilidad, “inventan” negocios apalancados. Nuevos papeles que “defienden” los viejos. Si el negocio funciona en las pizarras, nuevos dólares producidos por la actividad económica real huyen hacia la rentabilidad financiera. Sólo si la actividad productiva real crece más rápido que el drenaje, la cosa sigue funcionando. De lo contrario, el costo de mantenimiento de la burbuja financiera termina por agotar las posibilidades de la economía real, y eso es lo que está sucediendo ahora. Entonces, si continúa la defensa del interés de los bancos, del capital financiero ficticio, el debilitamiento de la economía real sigue su curso. Y con su avance continuado el ritmo de la crisis se incrementa. En ese punto exacto estamos.

Los efectos internos.

El Merval de Buenos Aires también se comporta según la lógica financiera globalizada. Con una diferencia sustantiva, la economía real de la sociedad argentina no sigue el mismo rumbo. Antes que nada, la Bolsa de Valores mueve unos 25 millones de dólares diarios. Esa solo cifra delata su falta de significación macroeconómica. No son los pasillos de la Bolsa el camino que recorren los grandes negocios en la Argentina.
En rigor, la marcha de la crisis global se verifica en la cotización del dólar. La presión vendedora que soportó ayer el Banco Central (liquidó 230 millones de dólares para conservar la paridad cambiaria) muestra que los excedentes de las empresas buscan liquidez verde para marchar en busca de negocios financieros rentables. Y todo lleva a pensar que esos negocios no se realizarán dentro del mercado nacional.
Al mismo tiempo, la caída de los precios internacionales de los commodities terminará por reducir las ganancias extraordinarias de la producción agraria. Por cierto no se trata de una noticia terrible, sólo que la capacidad de compra del sector, fuertemente acrecentada en los últimos cuatro años, tenderá a valores mas próximos a la rentabilidad histórica. Y eso es todo, por el momento.

Fuente: Horowicz, Alejandro. Publicado en Tiempo Argentino de la edición del 10 de agosto del 2011.