viernes, 6 de enero de 2012

Noticias de la Ciudad:

El PRO advirtió que podría haber otros aumentos del subte en 2012.

Tras llevar el boleto de 1,10 a 2,50 pesos, el gobierno de Mauricio Macri reconoció que estudiará nuevos ajustes en el transcurso del año. Asociaciones de consumidores se presentaron a la justicia para objetar la legalidad del decreto.

Sin que hubiera entrado aún en vigencia el incremento del 127% en la tarifa del subte, el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires advirtió ayer que podría volver a decretar nuevos aumentos a lo largo de este año. Las excusas: la inflación y el resultado de las futuras negociaciones paritarias con los trabajadores. Mientras que la medida, que desde las cero horas de hoy llevó el precio del pasaje de 1,10 a 2,50 pesos, cosechó el repudio de las asociaciones de consumidores, los pasajeros, el arco político opositor y también de los gremialistas del subte, el ministro de Hacienda porteño, Néstor Grindetti, y su par de Desarrollo Urbano, Daniel Chaín, instalaron la posibilidad de un eventual nuevo incremento. La justicia deberá ahora definir si avala el aumento dispuesto por Mauricio Macri, ya que el primer pedido para que se detenga la medida fue presentado ayer por una asociación de usuarios. 
“Si la inflación sigue, si las discusiones paritarias siguen, si todo sigue aumentando, si aumenta la gaseosa, el gas, la electricidad, el tomate, también va a aumentar la tarifa”, dijo Grindetti, al definir a la cuestionada medida como “antipática pero necesaria”. “Tomamos el subte en 48 horas, y en el acuerdo con el gobierno nacional, que nosotros aceptamos de buena gana, nos encontramos con que viene la mitad del subsidio”, sostuvo el funcionario, a pesar de que desde el principio de la negociación –en noviembre– la oferta de la Casa Rosada de desembolsar el 50% del subsidio previsto para 2012 fue explícita. Por su parte, Chaín argumentó que el hipotético futuro nuevo aumento “dependerá de la inflación” y precisó que la decisión de subir la tarifa se tomó en 24 horas “porque los números están muy claros”. 
Además, Chaín sostuvo que “los sueldos de los trabajadores del subterráneo se duplicaron de 2000 a 4600 pesos en promedio, mientras que la tarifa aumentó menos de la mitad. Es insostenible”, retrucó. De todas formas, Grindetti reconoció que cuando renegocien el contrato con la concesionaria, los términos deberán ser analizados en audiencia pública –reclamo central de la oposición–, pero que el valor del boleto “ya no será inferior” a los 2,50 pesos establecidos. 
De todas formas, la decisión adoptada por el macrismo tendrá su definición en la justicia. La primera medida cautelar contra el aumento, interpuesta por la ONG “Ciudadanos Libres por la Calidad Institucional”, recaló ayer en el fuero Contencioso Administrativo y Tributario, que deberá dictaminar si deja sin efecto o no el incremento tarifario. La presentación se basó en la ausencia de “convocatoria previa a audiencia pública y la falta de aprobación legislativa del acuerdo interjurisdiccional suscripto entre Nación y Ciudad, lo cual torna improcedente el ejercicio de la potestad tarifaria cedida”. El trámite quedó en manos del Juzgado Nº 11, a cargo de Fernando Enrique Juan Lima, Secretaría 22, bajo el expediente 43.599. Las futuras presentaciones judiciales, anunciadas por otras asociaciones de consumidores y por legisladores opositores, tendrán como destino el mismo juzgado, habilitado durante la feria. 
La jornada post anuncio del tarifazo estuvo signada por la incertidumbre entre los usuarios, que se amontonaron en las boleterías de las estaciones para adquirir la mayor cantidad de pasajes posible, al valor vigente hasta hoy. En algunos casos, sólo se permitió comercializar hasta 20 viajes por persona. Cerca del mediodía, Metrovías debió emitir un comunicado donde extendió el plazo de vigencia de la tarifa de 1,10 pesos a los usuarios de la tarjeta SUBE y Monedero hasta el 12 de enero, como forma de paliar el acopio y las colas. 
A pesar de que el gobierno nacional eligió eludir la polémica, desde que se anunció la implementación del aumento, el acta acuerdo firmada con la administración porteña quedó en letra muerta. Según había comunicado el martes el secretario de Transporte, Juan Pablo Schiavi, los 360 millones aportados por la Nación tendrían como destino el subsidio al pasaje si no se disponían modificaciones tarifarias. Frente a un incremento, el subsidio necesario sería cubierto por ambas partes y el remanente sería destinado a obras de infraestructura. Pero el PRO hizo su propia interpretación del convenio, por lo que el 50% que le correspondería a la Ciudad en concepto de subsidio terminó siendo el valor de la suba para los usuarios y, en lugar de desafectar los fondos girados por la Nación para futuras obras, estimó cumplido ese ítem a partir de las inversiones ya previstas dentro del Presupuesto 2012 aprobado por la Legislatura. 
En este contexto, el pasaje a 2,5 pesos generaría un incremento en la recaudación del orden de los 440 millones de pesos anuales, más de un 60% del nivel de subsidio que hasta 2011 aportaba el Estado Nacional. En tanto, su incidencia en el índice de precios al consumidor (IPC) será de 0,24 punto porcentual para calcular la inflación de enero.

Fuente: Por Gabriel Morini publicado en Tiempo Argentino de la edición del 6 de enero del 2012.

El país de ayer y de hoy.

Hace apenas un tiempo atrás estábamos en medio de las andanzas y las desventuras, las reacciones y las malas intenciones políticas de un Grupo A fuertemente opositor que, desde el asalto a las comisiones en el Congreso, intentó paralizar totalmente la tarea legislativa como forma de infringir el mayor daño posible a un gobierno de carácter popular que en octubre obtuvo el claro respaldo de las mayorías nacionales por el propio compromiso que asume con los intereses de esas mayorías y que además se refleja en las diversas leyes y en el accionar político que promueve, reivindica y defiende. En cambio hoy, con la importante recuperación de la mayoría parlamentaria para el bloque oficialista, que es el genuino representante de los sectores y grupos populares en esta etapa de cambios de la historia, el modelo nacional y popular pudo volver a tener presupuesto, liberó los derechos secuestrados a los peones rurales, defendió la tierra y declaró de interés público el papel para diarios entre otras cuestiones que hacen al mejoramiento y solidificación de la democracia participativa y de inclusión social por la que se viene luchando desde el 2003. Lo importante es que todo ello nos muestra que el régimen nacional y popular no solo sigue vigente sino que definitivamente se consolida a pesar de las reacciones de los factores de poder dominantes que conspiran desde todos los horizontes. Esa consolidación del régimen a pesar y a expensas de los intereses de los grupos de intereses más concentrados es central para la mejoría de la calidad de vida de los trabajadores porque, no lo olvidemos, a diez años de habernos quedado sin un régimen político que fuera sustentable en el tiempo, es decir, que asumiera su compromiso como garante de los derechos sociales y políticos de los trabajadores y a diez años de la caída más feroz y salvaje a escala humana, tenemos este presente de desarrollo económico con inclusión social.
También es importante entender que sin la crisis sistémica provocada por la rebelión popular contra el régimen neoliberal ocurrida hace una década hubiera sido impensable la llegada de Kirchner al poder. Es decir, otra vez se impone la lucha y la movilización de los trabajadores como protagonistas de la historia, de los cambios y de la notable mejoría de sus propias condiciones de trabajo y calidad de vida a partir de entonces. Bajo la urgencia política y social que significó la crisis de diciembre del 2001, Kirchner sabía que debía abrirse una brecha entre los poderes concentrados- los más reaccionarios y neoliberales- para que se concretara su candidatura. En esas circunstancias, tanto militares como los banqueros, los cardenales y obispos, los ejecutivos y abogados representantes de esos centros del poder, que además están ligados indisolublemente a intereses foráneos que en la mayor parte de los casos contradicen los intereses nacionales, constituían un sector social que cerraría filas en torno a Fernando de la Rúa, especialmente cuando tuvieron el aval de la asunción de Cavallo como ministro de Economía el 20 de marzo de 2001. Con ese hecho político se terminaba de una vez y por siempre con la ilusión progresista de la Alianza que supimos conseguir. La llegada al gobierno del señor Cavallo fue la gota que colmó el vaso porque fue él, como genuino representante de los intereses de los sectores neoliberales, uno de los grandes responsables de la implementación del modelo y de las consecuencias a que nos condujo sus políticas. Durante mucho tiempo tuvimos que soportar la exclusión, tuvimos que soportar la marginación, la pobreza y el desempleo justificado ideológicamente por Cavallo y su lógica racionalmente sustentada en los intereses de los grupos neoliberales. Y fue la peor época, es bueno no olvidarlo porque fue un tiempo en donde además de los profundos efectos sociales del régimen neoliberal tuvimos la impunidad para los genocidas entre otras perlitas de la reacción. El regreso de Cavallo, ahora de la mano de De la Rúa, entonces, fue una muestra de cómo las decisiones políticas y económicas más importantes, todas esas que son centrales porque definen cierta lógica del régimen político, eran de exclusiva responsabilidad de los tecnócratas representantes de los grupos de poder ligados a la especulación y las finanzas. Esa misma especulación y finanzas que hoy eclosiona en todo el mundo neoliberal. De eso se tratan las finanzas y la especulación, se trata de competir hasta ahogar a los otros y provocar adquisiciones y fusiones, una de las áreas más codiciadas por los ejecutivos de las finanzas, porque es la que permite mostrar el ánimo guerrero que los anima. No importa si detrás de sus competidores está todo un pueblo que al fin y al cabo lo único que quiere es hacerse responsable de su destino.
Así, nadie tiene que bajar la guardia porque los movimientos de los especuladores y las finanzas no permanecen quietos y antes bien actúan y reaccionan, condicionan y presionan a pesar de todo, a pesar de que la amplia mayoría de los trabajadores en Argentina ya han dado muestras suficientes de compromiso y apoyo al gobierno vigente. No hay que bajar la guardia porque la tarea sigue inconclusa y la anterior complicidad civil con la dictadura de seguridad nacional devino hoy en complicidad con el monopolio mediático de Clarín que se espanta ante un gobierno surgido nada más y nada menos que del voto y del protagonismo popular. Por eso cada uno deberá sincerar necesariamente las posiciones políticas, económicas, culturales e ideológicas que está dispuesto a sostener en el corto y largo plazo, a sincerar la lógica de todos los sujetos políticos intervinientes en la formación de la realidad del país. Si los grupos de interés más concentrados no están dispuestos a hacerlo, a sincerarse políticamente, entonces hay que actuar en consecuencia. De eso se trata la batalla cultural que hoy favorece a los sectores populares. Ya no va más esa Argentina de caretas, ese país que era el que reprimía y explotaba sin pudor ni piedad a los trabajadores, que se aprovechaba de sus necesidades, de sus sueños y sus vidas. El país de hoy- ese país real y no ese virtual que no pueden imponernos desde la prensa- precisa desprenderse de sus máscaras y abjurar de todas las caretas para sostener en el tiempo la supremacía de la cultura popular. En ese trance andan los trabajadores, andan los jóvenes y los militantes de todos los colores. En esa andamos todos los que nos sentimos parte del pueblo. Igual hay que estar atentos porque la corporación mediática y sus mandaderos, conservan cierta capacidad de daño y de provocación. En este marco de una lucha que además de ser política es cultural, es económica e ideológica, es decir, que compromete todos los ámbitos, es una buena opción diferenciar entre las políticas públicas que tienden a la exclusión, a la muerte en vida de los desocupados (que son políticas características de los neoliberales siempre tan afectos a luchar contra las mayorías) y las políticas públicas que tienen que ver con el régimen popular, todas y cada una de esas medidas que reivindican la vida de las mayorías a través de la generación de empleo y de la inclusión de los trabajadores.
Es bueno que recordemos el país de ayer para profundizar las medidas en favor del país de hoy. Es bueno recordar ese régimen injusto, fuertemente reaccionario y excluyente, que estalló a fines del 2001, cuando la memoria se sublevó en las calles, en las avenidas, en las plazas y en todos los rincones de la Patria. Es esa memoria precisamente la que nos desafía a comprometemos solidariamente como trabajadores, como parte de un colectivo social, cultural y político, como parte de un movimiento popular protagonista, a no volver más a ese pasado de ignominia, de inequidades e injusticias. La participación creciente de todos, la gestión popular de los trabajadores en lo que se refiere a la formación de la agenda del gobierno es así la primera garantía de sustentabilidad en ese sentido. Solo puede ser el protagonismo de los sectores populares el que defina las diversas etapas de construcción de la realidad lo que nos coloca en una situación de protagonismo histórico.

Referencias bibliográficas:

Jorge Giles: “Cuando la memoria estalla” en Miradas al Sur de la edición del 24/12/2011.
Eduardo Anguita: “La impunidad de aquel 19 y 20” en Miradas al Sur de la edición del 24/12/2011.

Autor: Alfredo A. Repetto Saieg.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Noticias de la Ciudad:

Macri quiere que el traspaso del Subte sea discutido por la legislatura.

El alcalde incluyó esa pretensión en la carta que le envió a la Casa Rosada y que motivó el pedido de Cristina para agilizar la transferencia.

La puja por el traspaso del subte a la Ciudad de Buenos Aires sumó ayer un nuevo duelo de cruces verbales entre la Casa Rosada y el gobierno porteño. Pero lo cierto es que debajo de la pirotecnia verbal de los dos vecinos de la Plaza de Mayo, existe un intercambio “de carácter estrictamente reservado”, que derivó en el envío de una carta, firmada por el alcalde Mauricio Macri, donde el Estado porteño sostuvo, por primera vez en un papel inapelable, que la Ciudad está dispuesta a aceptar la devolución del subte luego de una agenda de once citas que incluye desde la revisión de los bienes, la creación de un cuerpo auditor, la definición de los subsidios que hasta ahora paga la Nación y la “elevación a la Legislatura de la Ciudad del acuerdo”, previsto el 23 de marzo. Esa fecha, y esa maniobra legislativa, fue interpretada como uno de los recursos más polémicos que aplicó el macrismo en la negociación. A ambos lados de la Plaza de Mayo, los funcionarios nacionales y porteños admiten que si la negociación pasa por el viejo Concejo Deliberante, todo podría quedar prácticamente en la nada a raíz de la dispersión de los bloques y de la mala relación que el Ejecutivo porteño mantiene con los diputados del PRO. Sin embargo, a pesar de las desconfianzas, la pelota sigue en la cancha del gobierno nacional que, hasta ahora, no ha comunicado ninguna respuesta sobre la carta que mandó Macri. Esa contestación podría llegar hoy o la semana próxima.
Ayer por la mañana, el primero en retrucar fue el jefe de Gabinete porteño, Horacio Rodríguez Larreta. El funcionario, que monitorea en silencio la negociación desde hace dos meses, eligió la radio para confirmar la voluntad de su administración. “Si se trabaja a full y se trabaja fuerte, en dos meses podría estar resuelto”, sostuvo el premier porteño. “Más que una fecha, lo importante es lo que hay que hacer antes para llegar a esa fecha. Hay que hacer una cantidad de pasos previos, sobre todo para garantizar las obras que necesita el subte para mejorar el servicio”, afirmó. Su explicación mediática procuró revertir el error que cometió el aparato de comunicación del PRO anteayer, cuando Macri ordenó a sus funcionarios que replicaran el pedido de la presidenta Cristina Fernández de hacer un “esfuercito” y recibir el subte a partir del domingo. 
Como respuesta, Macri divulgó la carta que había enviado, un día antes, para establecer una ruta de trabajo de once puntos que tenía el sábado 31 de marzo como “fecha tentativa” de traspaso de toda la red. Esos rieles e instalaciones cumplieron 98 años de funcionamiento el 1 de diciembre, y sus maquinarias son mantenidas gracias al ingenio de sus trabajadores y técnicos, a pesar del bajo presupuesto que le dedica la concesionaria Metrovías, la empresa perteneciente al Grupo Roggio que opera la red desde 1994, cuando el entonces presidente Carlos Menem concretó, en su primer mandato, la virtual privatización del servicio de transporte bajo tierra más viejo de América Latina. 
La “fecha tentativa” del último sábado de marzo como día límite para el traspaso blanqueó, tal como reveló este diario, una serie de negociaciones reservadas entre la Casa Rosada y el gobierno porteño para concretar el traspaso. Ayer, en Bolívar 1, el entorno del magnate, sin ocultar su molestia, se empecinó en repetir que la propuesta no consistía en recibir el metro argentino “a fines de marzo”, sino que la negociación requería, al menos, dos meses de negociaciones escalonadas. La aclaración estuvo en manos de Rodríguez Larreta, pero derivó en más cruces verbales sin definiciones concretas. Por la tarde, el secretario de Transporte de la Nación, Juan Pablo Schiavi, violó silencio de radio que se autoimpuso la Casa Rosada tras la recepción de la carta de once puntos, y respondió, otra vez con imprecisiones, a través del canal C5N, del empresario Daniel Hadad. “No es necesaria esa verborragia cuando desde el 11 de noviembre, la Nación le ha dicho que está en condiciones de transferirle el subte. Fue una expresión inoportuna”, disparó el ex jefe de campaña de Macri en 2006. Evidentemente molesto, el funcionario le pidió a Rodríguez Larreta tener “mesura y entender cuáles son los tiempos”, para que no siga “con esa campaña marketinera de poner palos en la rueda”.

Fuente: Claudio Mardones. Publicado en Tiempo Argentino de la edición del 30 de Diciembre del 2011.

El revisionismo histórico y el cambio social.

La historia como lucha y compromiso político en el largo proceso de cambio social en favor de los intereses de los trabajadores.

Extraordinaria es la época actual donde una gran variedad de países de Latinoamérica, entre ellos Argentina, ven como sus respectivos gobiernos de tipo populares en lo cultural, nacionales en lo político y soberanos en lo económico no eluden hacerse responsables por los dramas heredados de otros gobiernos, específicamente de esos gobiernos cuya lógica se circunscribió bajo los parámetros y directrices del neoliberalismo. Extraordinaria época en que el kirchnerismo- como genuino representante de los sectores populares- se hace responsable de lo no resuelto por otros gobiernos por ejemplo reabriendo expedientes que habían sido cerrados por la virulencia de un discurso que nos insistía casi majaderamente con el fin de las ideologías que conducía como correlato lógico al fin de la historia y de la posibilidad misma de seguir batallando en favor de la mejoría de las condiciones de vida de todos. En cambio, hoy estamos en una época mucho más inquietante por lo menos para los factores de poder dominantes porque transitamos una etapa de la historia de nuestros pueblos que nos muestra, con intensidad inusitada, que ninguna narración puede arrogarse el derecho a ofrecerse como única y verdadera desterrando a las otras al silencio y la deslegitimación. Mucho menos cuando de lo que se trata es de desvirtuar la ideología y las razones de los sectores populares porque ellos, en tanto mayorías, tienen todo el derecho e incluso el deber de definir los parámetros que nos gobiernen en la búsqueda de la felicidad y del bien común en un ámbito de democracia y de gestión popular de la agenda de gobierno.
En realidad, el Estado capitalista continúa aún siendo dominante a pesar de los grandes avances logrados a partir del despliegue de gobiernos decididamente inclusivos y a pesar de la consolidación de ciertos regímenes populares, que se encuentran en las antípodas de la lógica de los sectores capitalistas dominantes, que además lo son tanto en la ideología como en la práctica, y así la mayor parte de las veces llevan las de ganar por lo menos en el corto plazo. Sin embargo, los trabajadores cuentan con la cultura popular, tejida y entretejida con todas esas grandes experiencias de la lucha y de la vida y cuentan con ese temple conquistado en las batallas por la satisfacción de nuestras necesidades, cuentan con la emotividad, con la fé en una realidad más humana por la que vale la pena la lucha, el insomnio, los desvelos, la participación y la movilización de todos. Los trabajadores además cuentan con la conducción política de grandes líderes y conductores de la altura del recordado Néstor y de Cristina, de Chávez, Correa y Morales y en primer lugar con la justeza de convicciones e ideas que sostienen políticas públicas que han mejorado sustancialmente la vida de las mayorías y que en el caso de Argentina posibilitaron recuperar las jubilaciones, han posibilitado terminar con la indigencia, con la pobreza extrema y que, en primer lugar, han logrado la incorporación al campo laboral de nada más y nada menos que cinco millones de trabajadores. El desenlace de esta confrontación entre los grupos de intereses dominantes y los sectores populares así dependerá no solo del entendimiento sobre los diversos objetivos y metas a alcanzar- que es el pleno empleo en un ambiente de pleno respeto de los derechos humanos a partir de la reivindicación de la primacía del derecho a la vida de los trabajadores- sino también de la eficacia y de la eficiencia del gobierno para satisfacer las necesidades de los trabajadores. En esas circunstancias un hecho empírico, en el sentido que por lo demás es contastable, es que los regímenes populares se consolidan políticamente por el éxito logrado en el campo de lo económico que redunda además en una redistribucuión de la riqueza en favor de los trabajadores. Es decir, redunda en la inclusión social en un ambiente de mayor justicia, equidad y compormiso con las urgencias de los grupos y sectores más vulnerables socialmente hablando.
Por otra parte, no es para nada fácil comprender que tan profundo es el agujero en que nos sumerge el control y la dominación social ejercida desde los centros globales del poder a través de regímenes neoliberales en el ámbito de nuestros países (que desde ese punto de vista son nacionales pero que finalmente solo responden a intereses globales y foráneos y por lo tanto a intereses que en la práctica contradicen los mismos intereses nacionales) porque además las circunstancias y la forma propia de despliegue de la racionalidad neoliberal y sus fundamentos conspiran para obnubilar la toma de conciencia de los trabajadores. La lógica que nos habita, instalada en todos desde hace milenios de explotación, de exclusión, de marginación y pobreza extravía la marcha de los procesos que le son adversos. De los procesos sociales y políticos que buscan la emancipación del hombre en el mejor sentido. El objetivo de cambio ya está claro por lo menos en los países antes mencionados, ya la historia de los últimos años nos lo indica. Sin embargo, para ello tuvimos que sufrir muchos desalientos, varias traiciones, delaciones, muchos años de persecuciones, un siglo plagado de golpes de Estado, de trabajo teórico y práctico, de imposición del neoliberalismo y también de revoluciones fracasadas, de líderes incomprendidos y de sangre derramada que poco a poco labraron y despejaron el objetivo central. Sin más, se trata de rescatar el espíritu amoroso de nuestro ser, la conciencia del deber social y del sentido de pertenencia a la sociedad, del rescate de la armonía del hombre con sus semejantes y con la naturaleza.
Por todo eso se movilizan contra los sectores populares. Es que los grupos de intereses históricamente dominantes tienen mucho para perder bajo la conducción de los regímenes nacionales y populares. Y nos temen pero, en realidad, tendríamos que preguntarnos a qué le temen. Tendríamos que preguntarnos contra qué se indignan y que defienden cuando batallan y se movilizan por ejemplo contra la decisión del gobierno de Cristina de crear el Instituto Manuel Dorrego en tanto institución de revisionismo histórico. ¿Le temen a la repetición en la historia? Pero ¿a qué repetición se refieren cuando en realidad la historia no se repite? Por lo menos no se repiten al modo en que ellos lo plantean porque es una tremenda falacia el eterno retorno en términos de Nietszche por ejemplo. En la historia la repetición implica necesariamente la diversidad, la diferencia, el giro inesperado, la ruptura política e ideológica con algunos de los núcleos decisivos de esos otros tiempos que quedaron a nuestras espaldas, incluso de aquellos que constituyeron momentos fundamentales y que acabaron por transformarse en mitos, crónicas o hechos históricos. Lo que estoy diciendo simplemente es que cada realidad vivida se inventa su propio pasado, sus términos y los adapta a sus necesidades, lo inscribe en los imaginarios colectivos que atraviesan las formas de visión y comprensión que dominan la trama de sus dispositivos. Y aunque lo deseemos con fervor, con una nostalgia que a veces incluso puede arrasar con nuestra alma, es imposible regresar al pasado pero también tenemos que considerar que el pasado solo lo es en la medida en que los dramas y problemáticas sociales y políticas que nos aquejan son resueltas. En ese sentido, los regímenes populares conquistan su propia historia y escriben el futuro. Por ejemplo, el tema de los derechos humanos no puede ser parte del pasado mientras todos los y cada uno de los genocidas no sean castigados, mientras todas las víctimas no sean resarcidas y mientras no se imponga la reconciliación nacional a partir de la verdad y primeramente de la justicia. Por lo mismo, mientras Argentina decididamente deja en el pasado el tema de las violaciones a los derechos humanos en otras latitudes, en países como Chile, éste es un tema muy actual que no puede ser parte del pasado en la medida en que su vigencia se produce a partir de la no resolución de esta problemática en particular que solo puede venir de la mano de la plena verdad y justicia. Lo grave es que los países que no cierran ese tipo de capítulos de su historia reciente están condenados a repetir sus errores y en ese sentido, solo en ese sentido, podríamos hablar de que la historia se repite.
Cabe preguntarnos entonces si en la medida en que en el tema de los derechos humanos en el caso de Chile no existe auténtica justicia y condena política y social a los genocidas, en la medida en que la historia no es reivindicada en favor de las víctimas y en la medida en que la impunidad es la regla general, qué es lo que impide que no se produzca otro hecho similar, de quiebre de la institucionalidad cuando los probables instigadores, por la misma experiencia de la historia del país, sabrán de antemano que gozarán de impunidad e incluso de aceptación y comprensión social.
Por eso se impone luchar por la historia, por nuestro pasado y por el futuro. No tenemos que olvidarnos que en el tema de la historia y de la reivindicación de nuestro pasado para reconstruir un mejor presente y eventualmente otro futuro, hay que considerar que ese mismo pasado, la historia del hombre y de nuestros países forma parte, siempre, de cierta definición de la política, es decir, una querella que atraviesa el presente y que denuncia que nada de lo que quedó a nuestras espaldas carece en realidad de una significación a la hora de buscar dirimir todos los problemas que siguen insistiendo y existiendo en la actualidad y que nos llevan, una y otra vez, a abandonar la idea de que el pasado y la historia es como nos quieren hacer creer los sectores dominantes, a saber, un ámbito neutral sobre el que operan las academias e institutos de la historia oficial. No puede existir nada que sea más reaccionario y letal para los intereses y para la toma de conciencia de los trabajadores que tratar a la historia como si fuera una pieza de museo a la que contemplamos desde la lejanía infranqueable que se establece entre un objeto arqueológico y el visitante de un tiempo distante. Muy por el contrario, no puede existir nada más saludable para los intereses y necesidades de los trabajadores que interpelar la historia de nuestros pueblos abriendo esa zona litigiosa, brutal y compleja que acepta el revisionismo histórico como una cuestión central en la consolidación de los valores y la cultura popular. A eso le temen los sectores dominantes. Le temen al revisionismo histórico porque a partir de este se fundamenta otra historia y un nuevo presente que funda una cultura popular masiva, compleja, racional y lógicamente sustentable. La praxis de los trabajadores, el arte de poder de éstos que favorece por fin los intereses de las mayorías, digo, ese arte de poder fundado en otra historia, en la revisión del pasado para así apuntalar una cultura popular mucho más democrática e inclusiva, será la que contribuya a fortalecer la opción por la gestión democrática de la agenda de los gobiernos populares.

Referencias bibliográficas:

Foster, Ricardo: “Los indignados y el combate por la historia” en revista Veintitrés de la edición del 14 de diciembre del 2011.
Reyes, Neftalí: “Dominación y liberación” En Debate Socialista de la edición del 14-18 de enero del 2011.

Autor: Alfredo A. Repetto Saieg.